Mientras abro la puerta para entrar a mi casa el señor que
atiende las labores de mantenimiento del edificio, un hombre humilde,
responsable, trabajador, me suelta la siguiente frase: -Ahora el loco del
presidente va a sacar al ejército para impedir que la marcha llegue a Caracas.
Me detengo, y desde la puerta entreabierta le digo: -Al
presidente que te protege, le llamas loco? Me escucha pero como si no me
escuchara, o entiende que yo le sigo la corriente en eso de llamar loco a
Maduro porque me dice –Ajá, el loco ese.
Como veo que no me está escuchando le digo: -Te estoy
diciendo que el presidente te está protegiendo, que quiere evitar la violencia.
La confusión le dura un ratico porque supone
que soy escuálido, y cuando veo que está escuchando bien aprovecho para
decirle: -¿Te acuerdas de la guarimba? –Sí, me dice. – ¿Y recuerdas quién las convocó
y quiénes participaron? Le refresco: -Los mismos que hoy están llamando a
la fulana “Toma de Caracas”.
Se queda un ratico procesando lo que le digo y
me dice: -Sí, son los mismos. -Ajá, y si vos fueras el presidente y
los que están convocando a una marcha son los mismos de las guarimba, qué hacéis?
–No los dejo pasar. -Entonces, ¿quién está loco? De
todos modos no he escuchado que Maduro haya dicho expresamente que no los dejará pasar, pero si así fuera tuviera razones – ¿O no?, le insisto.
Cuando ya todo está más claro, se refugia diciendo:
-Bueno, pero yo no soy ni del gobierno ni de la oposición, a lo que le
respondo: -Pero el comentario que hiciste llamando loco al presidente que te
protege no es de un ni ni, sino de un escuálido. –Es verdad, me dice.
Y cosas así por el estilo. Una y otra vez.

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