Poderes, saberes y quereres es un libro que piensa en voz alta. Orlando Villalobos Finol reúne aquí más de dos décadas de textos donde la reflexión política, la memoria histórica, la crítica cultural y la crónica se entrelazan con una cadencia meditativa y un filo que, citado, roza el epigrama: «La realidad es la verdad que acomodan los medios masivos. La historia, en cambio, suele ser terca». O bien: «Suele ocurrir en esta época, preñada de vacíos y lugares comunes. El adjetivo le gana la partida al sustantivo. La denuncia sustituye a la investigación. Se impone el fast food como estilo de vida». Así avanza Villalobos: certero, al grano, sin concesiones, pero siempre con espacio para la verónica, para la frase que toca el corazón de un verso, de una canción, de una melodía.
Por José Javier León
(La
notaVol.
35 Núm. 4 (2026) fue publicada en Separata
ROBERTO BRICEÑO-LEÓN: Sociología del Petróleo, de la Salud y la
Violencia - Reseña
de libro: VILLALOBOS FINOL, Orlando (2020) Poderes, saberes y
quereres. (Editorial Urgente, Maracaibo. Pp. 95 | Espacio Abierto)
El autor escribe desde la experiencia vivida —la calle, la universidad, el barrio, la historia latinoamericana— y convierte cada página en un ejercicio de conciencia y pertenencia. El volumen se organiza en tres grandes movimientos: el palimpsesto, donde se examinan desigualdades, imaginarios políticos y tensiones de la comunicación contemporánea; la memoria, que recupera territorios afectivos, ciudades, luchas y heridas colectivas; y el diálogo, donde Villalobos lee a otros autores, artistas y pensadores para ampliar el mapa de lo posible. En todos los casos, el hilo conductor es la convicción de que la palabra puede ser un acto de resistencia, de reconstrucción y, sobre todo, de esperanza colectiva.
Villalobos escribe con una mezcla de rigor y pasión que recuerda que la reflexión crítica no está reñida con la belleza verbal. Su prosa es clara, directa, pero también profundamente literaria. En textos como «Diferentes y desiguales», «La patria grande», «La memoria», «Obras públicas» o «La crónica de la bahía», logra pensar el país y la región sin perder la dimensión humana, sin renunciar a la ternura ni a la indignación.
El libro —escrito por un periodista nacido y formado en Maracaibo, docente consecuente y radialista apasionado— es un compendio generoso de ideas sobre la cultura en tiempos convulsos. Allí se rescata la comunicación como bien de primera necesidad, como encuentro humano: «verse, mirarse, conocerse, apoyarse, complementarse y tocarse». Se advierte sobre la banalización de la vida en las redes, esas burbujas de ilusión donde la biografía se vuelve mercancía. Se aborda la brecha comunicacional como un obstáculo para la ciudadanía crítica, incapaz de «saber buscar, seleccionar, procesar y aplicar la información».
Villalobos me permite recordar un detalle etimológico que funda la democracia: elector y lector comparten raíz. Leer es elegir; elegir es leer el mundo. Una ciudadanía que no lee —y por tanto no elige— se desconoce a sí misma y queda expuesta a la manipulación. Cuando la democracia se vuelve malabarismo retórico, dice Orlando, la ciudadanía se borra. Su libro, entonces, propone una comunicación liberadora, popular, capaz de potenciar la conciencia, la crítica y la ética.
La ética, para Villalobos, es consideración del otro, valoración de la vida, estudio de la convivencia humana. «La ética es memoria», insiste. Y si todo está de algún modo presente en ella, recurrirla al decidir se vuelve crucial: ¿qué decisiones pueden tomar quienes olvidan cómo llegaron a una situación? La memoria nos hace responsables.
La palabra responsabilidad atraviesa el libro como un cauce: responsabilidad con quienes lucharon por la libertad; responsabilidad de las familias; responsabilidad del sistema educativo, llamado a dejar de ser un simple transmisor de contenidos para convertirse en un estimulador de la curiosidad intelectual. La docencia —explícita e implícita— recorre estas páginas. En un fragmento, Villalobos condensa su apuesta: «Para forjar un individuo éticamente responsable y solvente en su formación, la actividad educativa debe asegurar el desarrollo de la crítica… sustentarse en la reflexión, la investigación y la costumbre de formular interrogantes».
Este libro es, a la vez, testimonio, ensayo, crónica y conversación. Un mapa de la Venezuela que fuimos, que somos y que aún buscamos ser. Una invitación a mirar con otros ojos la política, la cultura, la comunicación y la vida cotidiana. Y, sobre todo, un recordatorio de que —como escribe el propio autor— «la memoria es presente» y que comunicar sigue siendo un acto de esperanza colectiva, un territorio donde la palabra se convierte en posibilidad.



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