El 30 de julio participé en la Feria del Libro de Caracas
con el Taller de Creación Poética Ars Combinatoria. Acaso fue la edición más
breve de este taller que haya hecho alguna vez, pero creo que el objetivo se
cumplió.
Comenzamos pocos en la sala, sin embargo se fueron sumando y cerramos
con entusiasmo y a sala llena. Completamos las matrices y pronto
surgió un comentario más o menos de rigor: cómo es que estamos construyendo
poemas sin el recurso de la inspiración, de la espontaneidad, de la emoción y
los sentimientos. De seguidas, mi respuesta: el taller es una simulación del
estado de creación. Parto de la hipótesis, vieja como el sueño de las lenguas,
de que en alguna parte de nuestra memoria están las palabras ordenadas en
campos semánticos y que cuando aleatoriamente se juntan despiden una sustancia
adherente (para decirlo con Lezama) que no sólo las une sino que las integra en una unidad de sentido
nuevo e inédito, que desbarata la posibilidad del lugar común, en todo caso, nos deja en el desamparo, sin el
sentido como refugio.
Llenas las matrices, recurrimos a una fórmula azarosa (N
5 + ADJ 8+ N 10+ ADJ 2+ V 1 + ADV + N 4 ) y
sustituimos las variables con las incógnitas que hacíamos coincidir con las
palabras dispuestas en las matrices; finalmente salieron versos como este par:
EN EL BARCO AGRARIO ME
LEVANTO PARA ENCENDER CON CALOR MIS HUESOS
MIS HUESOS LEVANTADOS
COMO BARCO ENCENDÍAN EL CALOR AGRARIO
Hubo otros más, pero en la premura no logré guardarlos. Sin embargo,
me asombró que el azar nos deparara versos contagiados de la productividad
agraria, tan en boga en nuestra Patria.
El segundo verso, por cierto, fue el elegido casi de manera unánime por eufonía, y la verdad
parece pertenecer a un poema más extenso que, ojalá, los participantes continúen…
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