Por
Yldefonso Finol
Es
gente acostumbrada a matar, ó, mejor dicho, mandar a matar. Siempre
consiguen matones entre sus peones. Tienen un perfil común: sus
antepasados fueron esclavistas, hicieron fortunas delinquiendo, y
siguieron delinquiendo para conservar sus privilegios. La derecha más
derechista de la derecha.
Son los beneficiarios de la
narcoeconomía transnacional con sede en ese lugar de donde es un cura
próximo a beatificar que -según me dice doña Gloria- es uno de los que
mandaron a matar a Gaitán.
Abelardo de la Espriella se llama
el elegante sicario comunicacional que el domingo 9 de julio publicó en
El Heraldo de Colombia su metralla encorbatada: " Los venezolanos de
bien y la comunidad internacional en pleno deben entender que la muerte
de Nicolás Maduro se hace necesaria para garantizar la supervivencia de
la República. No se trataría de un asesinato común, sino de un acto
patriótico que está amparado por la constitución venezolana y que
resulta, por demás, moralmente irreprochable".
¡Miren que
legalista este jurista santanderista! Cómo interpreta nuestra
Constitución el profesor de derecho penal de la misma universidad que
acogió de catedrático a Pedro Carmona Estanga y es asidua patrocinante
de CNN. Si de este tenor son los asesores legales externos de la MUD, se
entiende entonces las alocadas "salidas", "elecciones generales
anticipadas" y "plebiscitos" que han sacado del sombrero de copa de la
Sergio Arboleda.
Ahora resulta que el magnicidio es un "derecho constitucional", extraño por demás, que puede ser invocado por un extranjero.
¡Saque su nariz del pote de cocaína, señor abogado, que le estallaron sus circuitos nerviosos los excesos sabatinos!
Ya
sus tutelados opositores venezolanos comenzaron la matazón: cien
muertos en cien días de perturbadas protestas sin propuestas. Todas por
la insensible e irresponsable ambición del pitiyanquismo.
Antes
Pat Robertson, y otros fanáticos sionistas, asi como Uribe y Pacho
Santos hicieron llamados similares contra el Presidente Chávez, y lo
lograron, cuando de aquél indeseable encuentro en Santa Marta, el
Comandante salió envenenado por nanoarmas letales.
Nada peor que los descuidos y perdones cuando se tiene por enemigos a tipos de semejante calaña.
Yldefonso Finol
Constituyente de 1999

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