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racias a Johan Méndez,
Vicerrector y a José Hernández, Director de Investigación. Gracias a todos los
amigos y amigas por la invitación y por la nueva oportunidad de compartir con estudiantes,
profesores y profesoras estos espacios de reflexión, de crítica, de pensar lo
que nos atañe como investigadores, como docentes, como ciudadanos, como
personas comprometidas con la construcción de un país. Reafirmo lo dicho por
Johan Méndez, por José Hernández, y traigo angustias, positivas, porque la idea
no es salir cabizbajos, angustias de honda preocupación, aunque en términos
positivos, pues necesitamos retomar algunas ideas, conceptos, visiones que nos
den pie para conversar y transformar.
A
esta hora pienso en mi oficio como docente. Todo docente sin duda debe ser
investigador, una cosa no puede ir sin la otra. Es de sumo necesario la
continua reflexión; la realidad es cambiante, dinámica y necesitamos estar
siempre atentos a lo que nos ofrece. Y, sobre todo, necesitamos una curiosidad
despierta por los intersticios, las grietas, por lo no aparente, porque es allí
por donde se cuela lo que en buena parte mueve la realidad. Una cosa es lo
aparente y otra lo que está bullendo por dentro, lo que está socavando, lo que
tiene una vida interior que los medios y la cotidianidad ocultan, hacen
invisible y peligrosa. En efecto, si no estamos atentos a todos estos cambios
profundos puede resultar muy peligroso.
Traigo pues un viejo dilema
replanteado: universidad e investigación. En todos nuestros debates aparece, es
decir, no está resuelto. Cabe hacernos algunas preguntas: ¿se produce en las
Universidades el conocimiento que usa la sociedad? Cuando pensamos la
Universidad en términos ideales, no digamos utópicos, cuando concebimos la
universidad nos decimos, no sé si en verdad lo creemos, que la Universidad debe
actuar y transformar la sociedad y que los profesionales están llamados a tener
un impacto en la realidad. Sin embargo, cuando nos tropezamos con la pregunta
de si la sociedad usa el conocimiento universitario, comienza un desfase,
parece como si la sociedad fuera por un lado y la universidad por otro.


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