César Seco
Tomado de su Facebook
Padezco una enfermedad cruel. Esta es mi lucha por vencerla. En la
semana que culmina se alinearon Júpiter, Venus y la Luna. La epilepsia
es una enfermedad astral. La enfermedad de los dioses para la cultura
occidental. Vino pues sobre mí con toda su violencia. Como rezan las
escrituras "al justo
todas las cosas le vienen a bien" recibí la descarga como anexión de las tildes a la lección del Padre,
algo debía concluir esta vez. Son cincuenta años con el padecer encima,
para algo Él me quiere. Ha tenido misericordia conmigo, tras el barro
de la vasija ese alguien que se esconde, sé, me abandona.
Es
en mi psiquis donde ocurre. Yo le llamo, yo le temo. En cada poema
escrito desde que descubrí la poesía o desde que esta me descubriera, el
enigmático rostro lucha por permanecer ante la despersonalización
severa: no soy yo o lo soy más bien, ese quien que en otro tiempo fuera.
"Psiquis, cielo mío", los poetas la han llamado, pues cielo sea, cielo,
resplandeciente cuaderno. La alineación astral suspendida en lo alto y
mi yo derribado, el paladar hundiéndose, los dientes que me quedan,
quebrados, saltando. Lo mismo siempre: la lengua mordida, el espumarajo.
Argelia a mi diestra, nerviosa, seguro temblando, pero sin aguarse. Mi
esposa corriendo por el cuarto, decidida ella, ya a hacerlo, la
inyectadora con la solución, levantada en lo alto, rápido, la aguja
hundida, epaminizado.
Esta vez sé vencí al mismo demonio que
era el rayo. Tuve así de irme, el viaje a la muerte lo viví: el eco
atrapado. Es horrible la sensación se ve a Dios enfrentando al diablo.
Lo juro por el mismo Dios que me ha salvado y puso esta mujer a mi lado.
La epilepsia es una enfermedad que paradójicamente sólo habla desde el
silencio.


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