200 AÑOS DE LA BATALLA DE JUANA DE ÁVILA

En el marco del Bicentenario de la Batalla de Juana de Ávila
Caída en combate de José Rafael de las Heras




Intervención del Dr. José Javier León
como orador en la sesión del CLEZ
del 21 de abril de 2022

200 AÑOS DE LA BATALLA DE JUANA DE ÁVILA



En asuntos de historia bien vale recordar aquella frase de Walter Benjamin, quien por cierto murió en 1940 tratando de huir del fascismo en la frontera entre Francia y España: "Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si éste vence." Frase la cual, presa de escepticismo, el mismo que sintiera hoy si viera cómo el fascismo emerge de entre las piedras prestigiosas de Europa, remata diciendo "Y ese enemigo no ha cesado de vencer."

Pues bien, a pesar de esa visión escéptica nos reunimos hoy aquí, a 200 años de una batalla que significó un acto de heroísmo y sacrificio en el camino que abona a la definitiva independencia. Los relatos históricos son celosos y existirá siempre la puja por poner los puntos finales. Así sucede con la Batalla de Carabobo, sucedida en 1821, un año antes de estos acontecimientos, los cuales a su vez, se inscriben en la escalada de eventos que se encuentran y concentran en la independencia de Maracaibo y en la Batalla Naval del Lago, acontecida en 1823.

El punto final como vemos, se va descorriendo, líquido, sin dejarse fijar pero dándonos la ilusión de que cada uno es y será un momento definitivo. Por eso, la necesidad de poner en piedra, de sellar un destino, de enmarcarlo en un para siempre. Ahora bien, esos hitos de la memoria van jalonando una historia que nos trae hasta acá, hasta esa piedra de ojo que vuelve a ver hoy el cielo despejado de una patria que se reencuentra consigo misma, después de recientes terribles acechanzas, después de haber visto cómo la violencia en 2014 y 2017 -por nombrar las más cercanas y acaso las más peligrosas- buscaba instalarse en las calles y las instituciones y ser la puerta franca a la penetración extranjera, a la instalación de un gobierno servil al imperio norteamericano.

Después de padecer sanciones, bloqueos y de un ataque demoledor a la economía, después de un asedio nunca visto, estamos hoy, 21 de abril de 2022, recordando en este espacio legislativo, una batalla y una victoria. No es poco recordar ambos hechos, hilando fino, bordándolos en el telón de fondo de la lucha por la Libertad, como parte de una misma corriente histórica.

Ayer y hoy se conjugan y como suele suceder, los hechos del presente iluminan el pasado, lo cual permite ver cosas que no estaban a la vista; al tiempo que el pasado que resurge, con sus nuevos signos, transforma el presente y proyecta el futuro.

Vemos hoy los hilos de la hermandad que nos unen a Cuba, a través de la figura del joven coronel José Rafael de la Heras. héroe de Carabobo. Y que muerto en batalla, antecedió a las acciones que un hermano suyo, Agustín de las Heras, en la visión de la patria grande cuyo sol era y es la espada y el genio de Bolívar, se entrevistó en su momento con el general Páez, quien escribió al Libertador en 1824: "Yo cuento que Ud. no hará otra cosa que voltear las bayonetas vencedoras en el Perú, en favor de aquella preciosa parte de nuestros hermanos, que gimen bajo el pesado yugo de los españoles, los únicos que sufren los enojos que les hemos causado repetidas veces y sobre quiénes recargan su odio y furor. Para ésto si cuente Ud. conmigo y cuente con 3 o 4,000 hombres de Venezuela, los más guapos, y que en un mes de recibidas las órdenes aquí estaremos en La Habana. Excuso decirle a Ud. la necesidad que tenemos de dar este golpe: los Sres Arango y Heras, que acababan de llegar de La Habana, y que siguen cerca de Ud., el primero en clase de enviado, y el segundo ya empleado como hermano del difunto Coronel Heras, que Ud. apreció tanto..."

En 1825 Arango y las Heras se entrevistan con Bolívar en Perú y éste les confirmó que él tenía resuelto mucho antes esa misma medida de echar a los españoles de Cuba y Puerto Rico para extinguirlos completamente de toda la América; que así lo había ofrecido y empeñado su palabra al Coronel Heras, que había hecho grandes servicios en su clase a Colombia y muerto gloriosamente en el campo de batalla defendiendo su causa.

Hay mucho más al respecto, pero solo reafirma lo que ya de alguna manera sabemos, que la corriente libertaria es una y la misma, como lo confirmó Martí quien dijera "Patria es la capacidad de una nación de integrarse con otras, en la cual la humanidad constituye una sola familia, sin discriminación y prejuicios étnicos, sociales o religiosos. Patria es una humanidad solidaria, justa, libre y pacífica". Mas para alcanzar este justo ideal, precisa es la firmeza y la constancia.

Actos como el de hoy -y todos los que condujeron a este momento que cierra con el acto del domingo 24, día en que se conmemora la Batalla de Juana de Ávila, propiciados por esta Comisión Bicentenaria que inmerecidamente me honró con la oportunidad de estas palabras- son parte fundamental de esa memoria que se expresa en hechos salvando del olvido la intangible presencia de la patria que vive y encarna en personas y lugares, que se convierten en símbolo y templo.

Rescatar monumentos y elevar el significado de ciertas fechas, no es asunto baladí, cuando vemos cómo en la disputa del olvido contra la memoria caen estatuas y se tergiversan relatos, para hacer acomodar los hechos a intereses espúreos. 



Aprovecho pues, para hacer extensiva a este Consejo la solicitud de la Comisión Bicentenaria de que el Monumento de Juana de Ávila sea elevado a Patrimonio Regional, de tal manera que sea recuperado y dignificado para las generaciones por venir.  

Ese monte tupido que por años cubrió la piedra que marca el lugar de los hechos y es memoria de los muertos, ese icono abandonado a su suerte, era entonces fiel reflejo de lo que la historia oficial guarda en desmedro de lo que es mejor que se pierda o borre. Rememorar depende de sujetos históricos, que han de imponerse a la desmemoria para afirmar la existencia de un pasado que solo está vivo cuando dice en el presente, heme aquí, iluminando esta hora. En tal sentido, bien vale que la fecha sea estudiada en su coyuntural ocurrencia y más aún en sus concéntricos aros de influencia, los que llevaron a ella y los que la victoria desató.

Pues no hay Carabobo sin Maracaibo, sin la consolidación del poder patriota en manos del leal Urdaneta y sin la victoria en la Batalla Naval. La luminosidad de los grandes hitos encandila y con frecuencia no permite ver los lentos caminos y sus encrucijadas, los vericuetos y entresijos. Nos toca a nosotros no perderlos de vista para que el fragor cotidiano siga siendo la materia con que cobra existencia la vida.

Ya para cerrar, lo hago con el filósofo que abrió estas líneas, con Walter Benjamin, porque de alguna manera todo acto de reivindicación de la memoria desde los oprimidos, comprende que "Articular históricamente el pasado no significa conocerlo “tal como verdaderamente fue”. Significa apoderarse de un recuerdo tal como éste relumbra en un instante de peligro".

200 años después de aquella batalla, el mundo se debate hoy al borde del colapso. Preservar su memoria y la gesta bolivariana, es más que una efemérides, Venezuela ha demostrado que su perseverancia hace parte -grano a grano-, de un programa de acción para la sobrevivencia de la humanidad.

Muchas gracias.
 



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