Pequeña crónica del bautizo de un libro de Lydda

 

Este 6 de enero, con palabras de Ana Cristina Bracho, presentamos en el Pesebre de Canchancha A/Leve, el último libro de Lydda Franco Farías, dedicado a la Gocha Nelly Contreras.

En estas dos líneas se condensan décadas de fervor, amistad y amor. Lo que sigue es un intento por dar sentido a tanto que allí late y que bien vale explicitar, discurrir, como esa serpiente del poemahecho canción de Blas Perozo, que su hija Aura Valentina canta al toque de tambor sereno y profundo.



La Editorial Urgente pensó que la mejor fecha para presentar el libro de Lydda fuera la de su cumpleaños, el 3 de enero. En efecto, la poeta, nacida en la Sierra de San Luis en 1943, cumpliría entonces 83 años. Fue así que convocamos a los amigos y amigas a La Orilla Cultural, un hermoso espacio ubicado al norte de Maracaibo, rodeado por el Lago y la brisa de Maracaibo. Pero en la madrugada de ese día el imperio norteamericano bombardeó nuestro país y secuestró al Presidente Nicolás Maduro. Obviamente, todo se trastocó y no fue posible dicha presentación.


Esa misma madrugada, minutos antes de los criminales bombardeos, en una casa también al norte de Maracaibo, un sabio, un poeta, un hombre de teatro y amigo se hizo luz: Nicanor Cifuentes. El mensaje de su hijo nos llegó a través de las redes y, minutos después, las imágenes de los helicópteros y los mensajes atronaron en los teléfonos. Ya no fue posible pensar en otra cosa sino someternos al aluvión de noticias que desde entonces no han cesado en medio de la certidumbre de que estamos transitando hacia un quiebre del mundo tal cual lo conocemos.

No obstante, el 6, Día de Reyes, a las 10 de la mañana, Ana Cristina Bracho me escribió para consultarnos la posibilidad de llevar a cabo la presentación del libro en el Pesebre, en esa hechura de los Cifuentes, abuelo, padre e hijo que con una mística, con una entrega humilde y total a lo sagrado, con piezas labradas a mano como de la mano de San Francisco de Asís, en esa réplica de la Natividad y bajo un cielo hecho patio, allí, en un encuentro de amigos y amigas de Nicanor Cifuentes Gómez, convocados por Nicanor Alejandro, dar a conocer A/Leve.

(Foto: Evelyn Canaan)

De inmediato el sí; natural, como brisa y consuelo. Porque el encuentro con y en el Pesebre, además de una suerte de traspaso del testigo del Nacimiento del padre al hijo, en este bucle de palabras que se entretejen y de signo migran a milagro, era una forma también de decir adiós a Nicanor, que esa tarde, como solía ser y hacerse él con su palabra, se hizo Patio a esa Hora. En juntez, como solía decir.

Pasadas las seis leí unas palabras, hice una propuesta y seguidamente, leyó con su elocuente claridad y puntualidad, Ana Cristina. Recordamos a Lydda, su humor, su manera de reírse de lo serio tan a tono con la risa incandescente de la Gocha Nelly, abogada, amiga pura y profunda de Lydda, a quien le dedicó el libro por el que discurren como fogonazos de sombra y lucidez, palabras del derecho que tiembla a la luz de las velas, en aposentos sonoros en los que los cuerpos avanzan desnudos hacia un holocausto.

Leer este libro de Lydda es adentrarse en un sopor de estanques, en una tensa vibración con esguinces de crótalo en una explanada de provocaciones en la que despunta -casi en el paroxismo- el cuello de cisne lunar de Nelly.

Leer este libro de Lydda es palpar la amistad hecha lenguaje, penetración en un espacio en el que las claves de lo sensual y el vaho desdeñoso de la verdad se unen para darle forma a una ofrenda en primer lugar de Lydda a Nelly, lumínica pantera; y por extensión y sobre todo por la gracia del patio-pesebre que nos cobijó­ a todos y a todas -monjes del amor-, que conocimos a Nelly y a Lydda y nos dejamos arrastrar en gratos momentos y fiestas saturnales por el reverbero de la danza y la señal inequívoca de removido sándalo.

Gracias, Nicanor —a los dos: a ti y a esa espiralada luz que se hizo presencia para siempre en esta ciudad-puerto— por la oportunidad de decir y hacer verdad interior y colectiva, este libro.


P.S.



Les recomiendo leer este poema del libro Una (1985) de Lydda dedicado a Eliseo Duno y que Nelly Contreras hizo suyo (era suyo...):


a eliseo duno


esa casa se llena de turbulencias

adentro hay una mujer que monta guardia

a fuerza de balancear las caderas

se ha convertido en péndulo y gravita

sobre las cabezas de los que todavía no comprenden

la magnitud del encantamiento

no vas al aquelarre

no te dejés seducir por su canto

ponete cera en los oídos

te calentará las orejas con historias de desfloraciones

te hará tragar pócimas y gestos

te limará el cuerpo con sus uñas

mancillará recuerdos

habrá una vela encendida al pie de tu retrato

serás la víctima propiciatoria

esa casa levita por las noches

se hincha de tambores y vudú

de carcajadas de azufre y aderezos

no permitas que te despoje con pases mágicos

y ceremonias del más allá

no te dejés encandilar por sus maleficios

llenate de amuletos

por si acaso

santiguate si entrás a esa casa y está ella






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