Por
Yldefonso Finol
I
Los
números del falso plebiscito de la MUD no los cree nadie. Según
anunciaron sus organizadores pasadas las doce de la noche, la
participación se ubicaría en 7.186.170 personas que hicieron su
“manifestación” en 14.300 mesas. Tomando en cuenta el carácter manual,
la precaria logística e improvisación del evento, y asumiendo que cada
participante tardara dos minutos en identificarse, responder las tres
preguntas, depositar la boleta en la caja (con la respectiva pose para
la foto de las redes) y registrar firma y huellas en los
cuadernos, –lo que sería un verdadero récord mundial- eso da un total
superior a 16 horas; es decir, el doble del tiempo que duró la
actividad.
Para ser un acto con tantas pretensiones, el
”plebischimbo” se deslegitimó a sí mismo. La cantidad de impurezas
ocurridas contaminaron la seriedad política de lo que los líderes
opositores habían precalificado como el inicio (la loca "Hora 0" que
anuncian semanalmente) de la historia.
A los vicios de
inconstitucionalidad e ilegalidad, se le sumaron un sin fin de
irregularidades procedimentales como: 1) ausencia de un registro único
referencial, pudiendo participar menores de edad, extranjeros,
inhabilitados, etc...2) carencia absoluta de imparcialidad de todos los
involucrados, desde los supuestos "rectores" y "garantes", hasta los
"observadores" venidos de fuera, 3) violación abierta del carácter
universal y secreto del sufragio, 4) evidencias de doble y múltiple
votación por un número indeterminado de participantes, 5) inexistencia
de escrutinio público, 6) eliminación física de las pruebas materiales
de que el acto haya sido realizado correctamente, 7) contradicciones
sobre cifras finales, y 8) imposibilidad de auditar resultados.
II
Pero
hubo algo que si funcionó perfecto en el parapeto plebiscitario: la
sincronía de la transnacional antibolivariana que tutela a la MUD.
El
diario El Tiempo de Bogotá publicó su editorial a las 12:17 comenzando
la madrugada del lunes, casi en simultáneo con el anuncio de los
"resultados", por supuesto avalando de frente al bando derechista.
Toda
la gran prensa de España, Argentina, Chile, Perú, Brasil, EEUU, tituló
en primeras páginas el mismo discurso, magnificando el impacto de la
acción simbólica y otorgándole una legitimidad de efectos instantáneos
para un cambio de gobierno.
El club de expresidentes indignos,
reos facturados de la CIA, que vinieron a convalidar la trama, llevan
años anunciando el fin del bolivarismo.
La OEA, a través del
secretario innombrable, está ansiosa por reconocer al "gobierno de
transición" que emergerá mágicamente del sainete dominguero.
La vocera diplomática europea hizo lo suyo, y la guinda la puso el mismo que llamó ladrones y violadores a los mexicanos.
Trump nos amenaza duramente si hacemos la Constituyente. No nos conoce. Ahora la apoyaremos con más ganas.
III
La
pregunta que cabe hacerles a todos estos roedores insanos es: ¿la
cidadanía venezolana que va a votar en la elección legal y
constitucional del 30 de julio, organizado por el CNE, con un Registro
Electoral Permanente institucionalizado por décadas y un sistema
automatizado, personalizado biométricamente, sujeto a auditorias y con
presencia oficial de acompañantes internacionales, no cuenta?
Es
una negación criminal de nuestra existencia, de nuestros derechos
políticos, de nuestra libertad de expresión. Es el preámbulo de un
intento de genocidio virtual contra el chavismo.
Yldefonso Finol

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