Elogio de la concientización




Frei Betto  São Paulo

«Concientización» viene de conciencia, tener conciencia o conocimiento de algo. El término se introdujo en el lenguaje de los sectores progresistas de América Latina a través de las obras de Paulo Freire, educador brasileño que construyó la «pedagogía del oprimido», método de alfabetización que favorece el aprendizaje de la lectura y de la escritura por medio de la contextualización de las «palabras generadoras». Así, padre está en la raíz de país, patria... abriendo la conciencia del alfabetizando a la percepción de la coyuntura sociopolítica y económica en la que vive.

En la década de 1970 se intensificó en el continente el «trabajo de base» con sectores populares, asesorado por equipos de educación popular empeñados en «concientizar» a campesinos, obreros y personas de bajo nivel adquisitivo. La palabra implicaba volver políticamente «consciente» al educando, o sea, hacerlo persona crítica frente al sistema capitalista, a las dictaduras, a la opresión social, y al mismo tiempo, adepto del proyecto de construcción de una sociedad socialista.

Éste sería, el perfil de un militante «concientizado». Poco a poco se fue percibiendo que no basta con «concientizar», con dotar al militante de nociones políticas de corte crítico. La cabeza piensa donde los pies pisan. Aunque se tome conciencia de los desafíos políticos, el riesgo de idealismo se supera cuando el militante mantiene vínculos orgánicos con los movimientos sociales. Sin práctica social no hay teoría que transforme la realidad.

En las últimas décadas el «trabajo de base» amplió el concepto de concientización. El conocimiento no deriva sólo de la razón o de los conceptos que llevamos en la cabeza. Proviene también de factores no racionales, o transracionales, como la emoción, la intuición, el sentido estético, etc. En la Biblia, conocer es experimentar. Cuando se dice que «Sara conoció a Abraham», la palabra significa más que el hecho de que le fue presentado. Conocer significa ahí hacer una experiencia de la otra persona, tocarla física y subjetivamente, amarla.

Con la introducción de las relaciones de género y la conservación del medio ambiente en el trabajo político, la palabra adquirió un significado más amplio y más profundo, articulando conciencia y subjetividad, actuación efectiva y relaciones afectivas, práctica social y solidaridad individual. Queda descartada la figura del militante maniqueo, que aboga por la transformación de la sociedad sin empeñarse en el cambio de sí mismo.

Ahora, «concientizado» es el militante que conjuga, en su actividad social y política, los principios éticos y el compromiso con la causa liberadora de los pobres. La cabeza del oprimido –reza un principio marxista rescatado por Freire- tiende a ser «hotel» del opresor.

Hospeda ideas y actitudes inoculadas en nosotros a través de los medios de comunicación, de la cultura vigente, de los modismos. Pues el modo de pensar y actuar de una sociedad tiende a reflejar el modo de pensar y de actuar de la clase que domina esa sociedad.

Concientizar es propiciar que los oprimidos y los militantes políticos logren un distanciamiento crítico frente a esa ideología dominante, de modo que asuman prácticas innovadoras y renovadoras, rechazando –en la medida de lo posible- influencias que puedan inducirlo a adoptar –en nombre de una nueva sociedad– prácticas típicas de los opresores, como es el caso del guerrillero que tortura al soldado enemigo para obtener informaciones. Una de las causas de la caída del socialismo en el Este europeo fue el descrédito de dirigentes políticos que reproducían en su comportamiento lo que era propio de tiranos y caudillos que ellos mismos habían derrumbado y a los que tanto criticaban.

En América Latina el avance de los movimientos sociales y de la movilización a favor de cambios estructurales depende hoy de la intensificación del trabajo de base. Éste, muchas veces se ve amenazado por el síndrome del «electoralismo», que contamina a los partidos de izquierda, más interesados en mantenerse en el poder, que en promover las transformaciones sociales, políticas y económicas destacadas en sus programas y reivindicadas por su base social de apoyo.

Dos criterios deben orientar ahora esa concientización: el vínculo personal y orgánico con las diferentes formas de organización de los pobres, y el perfeccionamiento de la democracia con el compromiso irreductible por la promoción de la vida en toda su amplitud, desde la defensa del medio ambiente a la lucha por reformas estructurales, como la reforma agraria, que reduzcan la
desigualdad y den a todos una vida digna y feliz.

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