Chávez hecho millones

CUERPO Y POLÍTICA

El opuesto dialéctico –y digamos antropológico- del Capital es nuestro cuerpo.

¿Qué nos queda frente al Capital? He pensado que el límite que le hace frente al Capital es mi cuerpo puro, no mi persona como tal, mis relaciones, mi contexto, mi persona, sino mi cuerpo despojado de todo, mi cuerpo desnudo. En el escenario global las fuerzas del Capital, sus operaciones no humanas y no movidas por intereses y necesidades humanas, tienen como único oponente pasivo y mudo, el cuerpo, nuestros cuerpos, pero no conformando digamos un «cuerpo social», no, sólo como cuerpos, tomados individualmente, es decir, el Capital en oposición a cada uno en particular, ciegamente.

El Capital deshumanizado no se enfrenta a nosotros en tanto que humanos sino en última instancia con una masa casi inerte, animada pero inútil, un peso muerto contra el suelo, que hace un sonido seco sin eco. Sordo.

El Capital funciona para un mínimo porcentaje de la humanidad, tal vez ese 1 % advertido en pancartas de protesta. El capitalismo deshumanizador no pone en relación a las personas como tal con el Capital, sino a cuerpos mudos y opacos que en completa anomia ponen a circular en los flujos del Capital cantidades ínfimas de mercancía –entre ellas su propio cuerpo-, pero que, acumuladas y por supuesto absorbidas a través de minuciosos sistemas de captura, pasan a formar parte sustancial de las riquezas, literalmente el caudal, de ese porcentaje mínimo de la humanidad que usa y usufructúa el mundo a sus anchas.

El opuesto dialéctico –y digamos antropológico- del Capital es pues, nuestro cuerpo. Sobre nuestro cuerpo sólo y único, se estrellan los flujos del Capital anónimo, ciego, impersonal. Lo humano frente a lo no humano. Mi cuerpo contra el Capital. Nuestros cuerpos –no en masa sino cada uno, individuales y aislados- contra el Capital.

Ese enfrentamiento es violento. El Capital busca reducir por todas las vías posibles los cuerpos a nada. Cuando los captura, los muestra groseramente, mutilados, castrados, vejados.

Esta oposición busca resolverla el Capital borrando el cuerpo que se le opone, negándolo, reduciéndolo, desapareciéndolo. De ahí que el Capital aliado con el Estado busque eliminar los cuerpos legislando sobre la desaparición. Aprobando por ejemplo, leyes a favor de la tortura. Todo un sistema represivo que persigue destruir los cuerpos. De ahí, por ejemplo, las desapariciones practicadas en las dictaduras. Que no quede rastro es la máxima aspiración del Capital. Hoy sin embargo las desapariciones son legitimadas cuando comienzan a instrumentarse leyes «antiterroristas» que buscan reducir a nada los cuerpos capturados. Bajo esta misma lógica deben incluirse los asesinatos selectivos, bien sea con operaciones de inteligencia trasnacional, o bien, ejemplarizantes bombardeos «quirúrgicos» a hogares o autos en los que habitan o se desplazan los «objetivos». Claro está, se trata en estos casos de «cuerpos objetivos». En algunos casos cuerpos como el del Che o más recientemente el de Gadafi, revelan de manera concentrada las operaciones del Capital contra los cuerpos. En éstos se concentran de alguna manera todos nuestros cuerpos, de ahí la sevicia, el ensañamiento.

Mas resulta interesante ver a la luz de este análisis el no-cuerpo de Bin Laden. Cuerpo in-exhibible puesto que no concentró ni hizo acopio de nuestros cuerpos asediados por el Capital; su cuerpo no era en definitiva la vindicación de nuestros cuerpos; como quería hacerlo creer la propaganda Occidental. El cuerpo de Bin Laden obviamente no concentraba a millones, era simplemente una invención del Capital; de ahí que no pudieran mostrarlo, exhibirlo, pues nada había como cuerpo, y nada hubo nunca. Por eso no lo vimos jamás.

Por demás, la reducción ocurre así no se pretenda toda vez que lo no humano del Capital niega estructuralmente lo humano de nuestros cuerpos. En otras palabras, pero dicho inversamente, nuestros cuerpos se oponen estructuralmente al Capital.

Frente a esta situación los seres oponen resistencia manifestándose en/con lo único que tienen: el cuerpo. Frente al Capital, el cuerpo. De ahí, por ejemplo, los recursos últimos: la huelga de hambre, la mutilación, la auto-agresión corporal, la inmolación, el suicidio, la exposición desnuda.

Frente a la masa anónima, muda, opaca, absoluta, del Capital, frente a la nada que se nos viene encima, oponemos el cuerpo, lo único que tenemos, lo único y lo último que nos queda.

En el escenario mundial, donde las fuerzas del Capital actúan contra la humanidad, los suicidios y desahucios, las mutilaciones y las inmolaciones, son formas de política in extremis, cuando ya nada queda. El Capital es la antipolítica; el cuerpo, es el opuesto último de los restos de la política, un vestigio de lo social que ya ha perdido todas las relaciones y sólo conserva la vida –sin vida verdadera- al lado, al borde, a un paso de la muerte. Como decir que el cuerpo que se le opone al Capital está vivo pero muerto socialmente. Solo con su cuerpo solo, frente a la totalidad agobiante y asfixiante del Capital.

¡Qué lejos estamos de la simple condición de ciudadano! Para el Capital el ciudadano no existe sino el consumidor. Y el consumidor no es exactamente un cuerpo sino una pulsión que se registra en el sistema. De hecho, puede registrarse consumos sin haber consumidores… Por eso se trata sólo de una oposición falaz la de Capital y Ciudadanía. La condición de ciudadano se encuentra en el ámbito de las relaciones políticas que genera el Estado; el cuerpo en cambio, ha sido despojado de cualquier atisbo de ciudadanía y se presenta ante la opacidad del Capital como lo que es, un cuerpo desnudo. Hombre, mujer, niño. Sin historia, sin pasado y un presente semejante a un vacío en el estómago.

Un cuerpo pues, no social, a decir verdad, porque frente al Capital nada vale lo social. ¡Qué importan las asociaciones, los grupos, los colectivos, frente a la irracionalidad del Capital! Los colectivos corresponden a momentos de lucha -no frente al Capital (deshumanizado) sino- frente al Estado, que es una instancia humano-política. Contra o frente al Estado los colectivos interpelan, accionan, mueven. Pero, frente al Capital –sin el recurso del Estado, abandonados a su suerte- los colectivos nada pueden, porque el Capital es un todo asfixiante radicalmente no humano.

Las acciones del Capital ocurren en otra instancia, en otra frecuencia, a la que tiene acceso sólo una pequeña porción de la humanidad, dueña absoluta del dinero y de las fuentes de su producción y por ende, de su valorización. Donde el Capital reina, los cuerpos son reducidos a nada. De ahí que la última expresión política sea exponer lo único que nos queda: el cuerpo desnudo.

Hasta armados de piedras nos enfrentamos al Estado, pero cuando las piedras ya no cuentan –y difícilmente cuentan- nos queda sólo el cuerpo puro, y es entonces cuando éste queda solo no frente al Estado sino frente al Capital, lo cual sucede en los países y en verdad es regla general en el mundo: en efecto, el Estado ha cedido todo su poder a las fuerzas ciegas del Capital.

Pero el Capital no tiene brazos, manos, instrumentos con los qué tocar los cuerpos para despedazarlos. Ahí entonces aparece el Estado (y sus instrumentos, sus aparatos) y en particular en forma de ejército, policías, seguridad. A eso ha quedado reducido en los países donde el Capital campea.

Los signos evidentes de que el Estado ha desaparecido es cuando vemos a una persona que se inmola o se lanza por una ventana o se mata luego de matar a sus hijos antes de ser expulsada de su casa, de su país. El Estado ha desaparecido y sólo quedan actuando a sus anchas y totalmente las fuerzas inhumanas del Capital.

Lo que vivimos hoy en nuestro país es un momento de esta guerra ciega entre el Capital y los cuerpos. Y hoy, particularmente, entre un cuerpo que es el opuesto absoluto, pleno, total, como la luna llena, del Capital: Chávez.

El cuerpo de Chávez se opone hoy, está hoy, haciéndole frente al Capital. Se trata, visto así, de una batalla en los límites de la dialéctica: lo inhumano absoluto contra un cuerpo absoluto. Ubico esta batalla en este momento histórico en un plano simbólico, pero, ante la verdad y la cruda realidad de los que se matan o agreden a sí mismos frente a las operaciones del Capital, el cuerpo de Chávez se expone hoy, total, pleno, no como algo simbólico sino real también, crudamente real.

El cuerpo de Chávez hoy son a un tiempo todos los mutilados, los que se van a huelga de hambre, los que se suicidan, los que se mutilan, los que se desnudan frente a la policía, es decir, frente a los poderes invisibles que los niegan, los que ofrendan sus vidas frente a las cargas terribles de la represión.

El cuerpo de Chávez hoy es nuestro cuerpo frente al Capital. Sólo que aquí frente al Capital, el gobierno bolivariano ha interpuesto un colchón de resistencia destinado a reducir el impacto del Capital. A las olas tempestuosas del Capital, un acantilado de políticas sociales…

Ver este momento en clave simbólica no salva su cuerpo, pero sí nos permite aspirar a que en nuestra patria el Capital no borre nuestros cuerpos, no los reduzca ni desaparezca. Chávez libra simbólicamente una batalla –última o límite, hablando filosóficamente- contra el Capital, exponiendo –presentando, entregando- su cuerpo.

No sé qué suceda, pero estamos sin duda en un momento de quiebre histórico. Nada será igual después de lo que sea que pase. Puede que el cuerpo de Chávez venza la muerte como tal; mas la batalla de su cuerpo contra el Capital será tan sólo un capítulo de los varios que ya lleva.

Esta lógica del cuerpo contra el Capital ha estado presente además en todo el escenario electoral reciente, porque ante la política tomada por el Capital (practicada por la oposición, y que en su momento ha llegado incluso a manipular el enfrentamiento Estado-Cuerpo para hacerle creer al mundo que se enfrenta por supuesto no a la tiranía del Capital sino a un Estado Totalitario, recurriendo para ello al expediente de huelgas de hambre, mutilaciones y suicidios) los venezolanos hemos practicado la política hecha por colectivos, personas, grupos, asociaciones, organizaciones.

Hemos opuesto al Capital, no nuestros cuerpos sino colectivos organizados. Ante este cuerpo múltiple que se le opone, el Capital no tiene estrategia, porque no es a un cuerpo que debe dirigirse como tal, sino a colectivos que por eso mismo resultan invisibles e inaprensibles a su lógica.

En el esquema global mundial frente al Capital, se opone Chávez con su cuerpo… pero Chávez somos todos. El Capital cree que, desapareciendo Chávez morirá el poder que –supuestamente- encarna. Se equivoca: el Capital se enfrenta a un cuerpo (y sólo un cuerpo aislado se le opone) cada vez –por ejemplo, simbólicamente, el de Chávez- pero Chávez se ha hecho Uno con Todos, y ante este cuerpo múltiple y diverso, nada puede, nada podrá. El Capital no se las ve con un cuerpo único, solo y aislado, sino con Uno que son Millones.

Las organizaciones desequilibran el enfrentamiento contra el Capital. Si nos hacemos muchos, el Capital no podrá operar sobre su opuesto último: el cuerpo solo, aislado. Seamos muchos unidos y el sacrificio de Chávez –la consumación de su cuerpo en la batalla frontal y encarnizada contra el Capital que lo convirtió en el Otro satanizado de este Hemisferio- no será en vano. Con todo, Chávez volverá a/con nosotros hecho millones.

Vivo.

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